viernes, 4 de diciembre de 2009

otro sueño reciente

Me despierto dentro de mi sueño. A través de mi vieja persiana, percibo los rayos del sol de la mañana. Salgo de la cama y siento un placentero calor envolvente. Me desperezo lentamene y subo la chirriante persiana.. y, oh, Dios mío, la terraza está cubierta de nieve completamente. Me digo a mí misma, que cómo es posible que con semejante temperatura haya podido suceder tal cosa. Me acuerdo de las plantas y pienso que, posiblemente, se hayan helado. Todo, por no habérlas bajado ayer al rústico. Siento una presencia detrás de mí. Es Ángela diciéndome que, si quiero, me ayuda a transportarlas abajo. Se lo agradezco, pero le comento que me resulta imposible acarrear tanto peso. En ese momento, siento voces que provienen de la entrada de la cocina. Me doy cuenta de que llevo los rulos en el pelo. Me desprendo de ellos, rápidamente, me peino con los dedos y miro por la puerta entreabierta. Veo a Miguel, el fontanero, a Rafa y a Jose y, detrás, a Juanse. Miguel habla sobre el problema que tenemos en la caldera y la forma de resolverlo. Sube Merche, despavorida, preguntándome cómo va a dar de comer a tanta gente porque, aunque ha puesto siete platos en la mesa, no tiene nada preparado ni nada en el frigorífico. Me sugiere que vayamos a comprar lo que sea. Sigue haciendo un día espléndido. Nos dirigimos a un supermercado, situado frente al parque de la calle Santander, donde antes vivía Merche, muy lejano de nuestra actual residencia. No había estado allí nunca, ni sabía de su existencia. Frente a la puerta de entrada, hay una charcutería. El dependiente, atiende a mi hermana de manera que hace suponer, que la conoce de toda la vida y empieza a despacharle todo el género que le va pidiendo e incluso, recomendándole, todas sus excelencias. Me doy cuenta de que las lonchas de los fiambres son demasiado gruesas. Todo lo contrario de lo que le gusta a Merche, quien, tras mi comentario al respecto, me responde que da igual. Y mi hermana pide y pide y pide... Ya es tarde y aquello no termina. Volviéndome hacia ella, le pregunto si tiene dinero para pagar y, de la forma más natural, me dice que no. Detrás de mí, casi inperceptible, está Juanse, a quien hago la misma y pregunta y de quien obtengo la misma respuesta. Entonces digo que tengo que ir al cajero y que me esperen. Salgo del establecimiento pensando que la sucursal está un poco alejada, cuando - cuál es mi asombro- justo enfrente, veo unas oficinas de Cajamadrid. Cruzo la calle, ya tranquila, pero el entorno está solitario y decido sacar el dinero en el interior. Traspaso la puerta y me encuentro, en sus respectivas mesas, frente amí, con tres funcionarios que me miran inquisidoramente. No dándome por aludida, me dirijo a los cajeros automáticos, que se encuentran a mi izquierda. Uno de los funcionarios me habla de una antigua amistad que mantuvimos y de la que yo no recuerdo nada. Me vuelvo, de nuevo hacia las máquinas expendedoras. Son rarísimas. No sé por donde meter la tarjeta. Al final lo consigo, pero de dinero nada. Se me exigen códigos raros, signos inenteligibles; en fín, un lío infinito. Estoy a punto de claudicar, pero necesito el dinero. Tras de mí, uno de los tres funcionarios de la entidad, me increpa de manera casi amenazadora. Me llama inepta, bruta, incompetente y otras lindezas por el estilo, mientras requiere mi tarjeta para realizar la operación. Se la doy sin rechistar. Empieza a teclear. Me siento salvada. Pero, en lugar de dinero, por una rendija, sale una especie de bocadillo grasiento de butifarra, en un plato de plástico, que se dispone a deglutir, con fruición ,pasando de mí olímpicamente. Oiga, por favor, qué pasa con mi dinero. Mi hermana me está esperando en el supermercado de enfrente. Si quiere, puede verla por la ventana. Mírela. Por toda respuesta, me mira displicente, mientras entre bocado y bocado, con la grasa chorreándole por la barbilla, me dice: calma, señora, que todo lleva su tiempo. Estoy al borde de la paranoia y le digo que el único inepto es él, que yo he estudiado la carrera de derecho (miento ) y que me devuelva la tarjeta, o de lo contrario le denunciaré, dadas mis altas relaciones con el ámbito judicial. No me hace ni puto caso. Miro por el ventanal y veo a Merche que sale de la charcutería con una bolsa repleta de víveres, sin haber pagado....y yo comiéndome el coco.

Este sueño lo tuve, realmente, la víspera de que viniera Miguel a arreglarnos la caldera, mientras pensaba que se nos podían helelar las plantas de la terraza.













es

viernes, 20 de noviembre de 2009

mis sueños

Estoy en un cuarto de baño de una casa que, se supone, es la mía. Es muy amplio, ya que incluye un armario ropero. Me dispongo a arreglarme para ir a alguna parte. No sé donde. Saco del armario un viejo "foulard" de gasa con estampaciones de leopardo y lo coloco en mi cabeza a modo de turbante, al estilo años cuarenta. Me encuentro horrorosa, pero, aún así, me envuelvo en una raída gabardina, que me llega hasta los tobillos. Suena la puerta. Es mi hermana, recordándome, que tenemos cita con el médico. De repente, caigo en la cuenta de que no me he arreglado los pies. Me quedo horrorizada, al tiempo que pienso que el ginecólogo no tiene por qué vérmelos. Sin embargo, vuelvo al armario y saco unos minúsculos calcetines con dibujos, que me enfundo sobre otros que ya llevaba puestos. En ese momento entra mi hermana y hace elogio de mis calcetines, pasando por alto el resto espantoso de mi atuendo. Salimos a la calle. Es de noche. Más bien, parece de madrugada de invierno. Bajamos por una calle en cuesta, desde la que se divisa un lejano autobús, al que se dispone a subir gente apiñada, posiblemente para dirigirse al trabajo. Entonces, le pregunto a mi hermana qué opina de mi aspecto. Y mirándome de arriba abajo, como si no me hubiese visto antes, me recrimina mi dejadez y falta de autoestima . Recapacito y le digo que tengo que volver a casa. De nuevo, estoy e el cuarto de baño.Me miro al espejo. Realmente la imagen es patética. Trato, inúltimente, de cambiar de forma el turbante. No hay manera de mejorar mi estética. Es imposible. Sin pensármelo dos veces, me arranco el "foulard" de la cabeza. La imágen es todavía peor. Tengo el pelo sucio y encrespado. Cada vez peor. No obstante, salgo de nuevo a la calle. Mi hermana me está esperando en su coche. Ya no vamos andando. Arranca, y veo a uno de mis hijos en el asiento de atrás. Ella me recuerda que la citta con el doctor es a la once y media. Seguimos adelante, cuando me doy cuenta de que he olvidado los talonarios médicos en casa. Se lo hago saber a mi hermana, que, tras buscar infructuosamente en su bolso, me dice que a ella le sucede lo mismo. Casualmente, pasamos por delante de la sociedad médica y le pido que vaya a buscar unos nuevos. Sigue siendo de noche cerrada, aunque las oficinas están encendidas. Mi hermana aparca en una especie de isleta, frente al edificio y yo me quedo en el coche con mi hijo, que en ese momento confundo entre el mayor y el pequeño. Me da miedo quedarme sola en un coche. No sé conducir y pienso que se puede poner en marcha por sí solo. No acabo de pensarlo, cuando el vehículo comienza a avanzar lentamente, hacia otros coches aparcados delante. No sé cómo, pero consigo frenarlo, no sin antes embestir a uno, que sale a toda mecha, sin conductor, sembrando el pánico entre una multitud, antes inexsistente. De repente, aparece un policía pidiéndome los papeles. Le digo que no tengo nada, que el coche no es mío. Me responde que, en breve, vendrán a llevárselo. Me muero de miedo y le digo a mi hijo que vaya a buscar a su tía y que le cuente la situación. Sale del coche, pero en ese momento le llaman unos amigos, que aparecen súbitamente. Olvidándose del tema, se mete con sus colegas, en el asiento de atrás, mientras una viejecilla harapienta me pregunta que si puedo cuidar a su perro. Me voy despertando lentamente, poco a poco, pero mi cerebro se niega a abandonar el escenario y, durante un buen rato vuelvo a ese lugar irreal. Al final, me despierto del todo, casi con pena.

sábado, 14 de febrero de 2009

hola, ya estoy aquí de nuevo y quiero relataros unos sueños ÚNICOS que solo tengo yo:
He tenido sueños de todo tipo. Estoy segura de que os van a -cuando menos- a inquietar. Pero como soy OLGA ZANA, mañana seguiré en contacto con vosotros. Besos y hasta mañana. Sahida

viernes, 13 de febrero de 2009

estoy harta de simular que soy feliz

Cuando me decida a contaros todo lo que ha sido mi vida, tendréis varias opciones, por eso prefiero comenzar mañana, no sea que alguno de vosotros no consiga conciliar el sueño esta noche. Besos y hasta pronto.

os invito a conocerme y a juzgarme si hace falta

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